Rodrigo se convierte en el primer graduado del Doctorado Ciencias Biomédicas tras investigar los riesgos de la minería de altura
El pasado viernes 10 de julio se marcó un hito para el Programa de Doctorado en Ciencias Biomédicas de la Universidad Católica del Norte. Rodrigo Calderón, bioquímico de formación, defendió exitosamente su tesis y se convirtió en el primer graduado del programa, obteniendo el grado de Doctor en Ciencias Biomédicas.
Su investigación no solo destaca por su excelencia académica, sino por abordar una problemática crítica para el motor económico de Chile, el impacto en la salud de los trabajadores expuestos a la hipoxia intermitente en faenas mineras de gran altitud.
A continuación, Rodrigo Calderón comparte qué significó para él convertirse en el primer graduado del programa, los principales desafíos que enfrentó durante su formación y el aporte de su investigación a las ciencias biomédicas:
El desafío de ser la «punta de lanza»
¿Qué significó para ti ser el primer estudiante en graduarse de este programa de doctorado?
Es una responsabilidad tremenda. Como generación inicial, fuimos casi los «conejitos de India»; el programa se fue adaptando y aprendiendo con nuestra propia experiencia. Ser la punta de lanza para futuros programas e investigadores en la zona norte tiene un peso especial, ya que de nuestro desempeño depende, en parte, el prestigio inicial de este doctorado. Ha sido un desafío pasar de «seguir órdenes» en un laboratorio a ser quien realmente piensa y lidera la investigación.
Tu formación de pregrado fue en la Universidad de Chile, en Santiago. ¿Qué te motivó a trasladarte a Coquimbo para realizar ciencia en regiones?
Fue una mezcla de factores. Tras mi tesis de pregrado necesitaba un «reseteo» y surgió un proyecto en Coquimbo. En 2009, cuando llegué, no había muchas apuestas por la investigación en el norte. Con el tiempo, me dediqué a la docencia y al voluntariado, pero cuando surgió este programa de doctorado supe que era el momento. No quería perder la oportunidad de investigar problemáticas locales desde la misma región.
La investigación de Rodrigo evidenció que la exposición prolongada a ciclos de trabajo en altura podría favorecer el desarrollo de enfermedades cardiovasculares en trabajadores de la minería, incluso cuando los controles médicos habituales no detectan tempranamente estos cambios.
Tu tesis doctoral se enfoca en la exposición a la altura. ¿Podrías explicarnos qué descubriste?
«Trabajamos con un modelo experimental de hipoxia crónica intermitente, que simula las condiciones que experimentan muchos trabajadores de la minería, quienes permanecen entre 7 y 10 días a gran altitud (sobre los 2.000 o 3.000 metros sobre el nivel del mar) y luego regresan a zonas de menor altitud para sus períodos de descanso. El problema es que los controles de salud actuales son solo una ‘foto anual’, por lo que no permiten observar el impacto acumulativo que produce esta exposición repetida.
En nuestra investigación observamos que esta exposición prolongada puede aumentar la presión arterial hasta en un 20%. Además, detectamos hipertrofia cardíaca, es decir, un engrosamiento de las paredes del corazón que reduce el espacio interno de sus cavidades, haciendo que el órgano sea menos eficiente para bombear sangre. Estos cambios podrían transformarse con el tiempo en un importante factor de riesgo para desarrollar infartos u otras enfermedades cardiovasculares graves.»
¿Qué impacto esperas que tengan estos hallazgos en la salud pública o la industria minera?
Actualmente, la legislación está atrasada. Hay una necesidad urgente de que el sistema de salud y las autoridades visualicen estos riesgos. Sugerimos seguimientos más regulares y que no dependan solo de la empresa actual del trabajador. Sería ideal contar con una plataforma nacional donde el historial de salud de cada minero se mantenga, permitiendo un monitoreo real del impacto de trabajar en altura por años.
Respecto a su paso por Programa de Doctorado en Ciencias Biomédica de la UCN, Rodrigo destacó que la oportunidad de ser pocos estudiantes y docentes en la región, genera una cercanía muy valiosa. “El apoyo de mi tutor, el Dr. Fernando Moraga, cotutor Gerson Dierley Keppeke y de todo el claustro docente ha sido permanente. A pesar de los desafíos de iniciar un programa en medio de una pandemia y con clases virtuales, logramos formar una comunidad científica sólida”.
Para finalizar Rodrigo entregó un mensaje para aquellas personas que están considerando hacer ciencia en el norte del país, “acepten el desafío. Aquí hay nichos de investigación únicos, desde la minería hasta la agricultura y el mar, que no se están cubriendo en Santiago. Hay una oportunidad tremenda de generar conocimiento que impacte directamente en la comunidad donde vivimos”.
